Libros del crepúsculo

Libros del crepúsculo

jueves, 12 de noviembre de 2015

¿Es el comunismo cubano un régimen dinástico?

¿Cuándo comenzó a difundirse en circuitos de opositores y exiliados cubanos y en medios occidentales críticos del régimen de la isla la noción de "dictadura de los Castro"? Me atrevería a decir que se trata de una expresión reciente, posterior a la convalecencia de Fidel Castro en 2006 y, especialmente, a 2008, cuando se consolidó la sucesión de Raúl Castro. Habría que recordar -y remito a mis artículos en El País de aquellos años, que pronto serán rescatados en un volumen- que la famosa "proclama" de Fidel Castro en 2006 insinuaba un reparto de competencias entre distintos funcionarios y grupos de las élites del poder que, entre 2008 y 2009, fue rebasado por un nuevo bloque hegemónico dentro de la clase política cubana, conformado, fundamentalmente, por militares y burócratas del sector profesional del Partido Comunista, leales a Raúl Castro.
La expresión "dictadura de los Castro" ha sido, en buena medida, un sucedáneo crítico del término "raulismo" y busca enfatizar más las continuidades que las rupturas entre los gobiernos de un Castro y el otro. Mientras Fidel Castro gobernó, sobre todo, en sus últimos veinte años, que van de mediados de los 80 a mediados de los 2000  -lo que en la periodización oficial, sería entre la "Rectificación" y la "Batalla de Ideas"- y que fue, por cierto, su tramo más propiamente autocrático, la presencia de Raúl en el gobierno se vio siempre circunscrita al orden institucional del Partido, por entonces menos activo, y, desde luego, a las Fuerzas Armadas. Desde los años 60, el rol de Raúl Castro en el gobierno fue más subalterno y acotado que el de otros líderes o funcionarios, como el Che Guevara, Osvaldo Dorticós o Carlos Rafael Rodríguez y luego Carlos Aldana, Carlos Lage, Roberto Robaina o Felipe Pérez Roque, que cumplieron funciones decisivas en tres áreas claves: la política económica, la ideología oficial o las relaciones internacionales.
El largo gobierno de Fidel Castro no siempre tuvo la misma intensidad autocrática, aunque descansara sobre la premisa biológica de que el máximo líder gobernaría perpetuamente. En los 60, por los vaivenes ideológicos y geopolíticos que imponía la transacción con diversas corrientes internas. En los 70, por la compensación burocrática que produjo la institucionalización. La dimensión dinástica de ese gobierno se manifestó en la línea de sucesión a favor de Raúl Castro, planteada primero de manera informal en los 60, y, luego, a partir de 1975, con su designación como Segundo Secretario del Partido. Pero, en la práctica, quien más actuó como Vicepresidente o segundo al mando durante los años de la construcción del régimen comunista, en Cuba, fue Carlos Rafael Rodríguez. En esto el comunismo cubano se diferencia del único régimen dinástico de ese tipo, el norcoreano, en el que el hijo del Primer Secretario es por principio sucesor designado y subjefe del Estado.
La idea del régimen cubano como un comunismo o castrismo dinástico es rara en los estudios canónicos de los años 60 y 70. No la usan Theodore Draper, quien entendió estrictamente el castrismo como fidelismo, o Irving Louis Horowitz, quien, mucho más atinado, inscribió el régimen cubano en la tradición comunista y la experiencia del "socialismo real" en la URSS y Europa del Este. Tampoco aparece en los primeros historiadores de la Revolución Cubana o biógrafos de Fidel Castro, como Hugh Thomas o Tad Szulc. La transferencia de la expresión "dictadura de los Castro" al periodo de construcción del régimen comunista cubano, entre los años 60 y 70, es la típica operación teleológica por la cual la narrativa del pasado se pone en función del partidismo político en el presente.
Aunque en la mayoría de los medios occidentales no predomina la definición de lo que existe en Cuba como "dictadura de los Castro" -no sólo porque se prefieran palabras más neutras como "régimen" o "gobierno" sino porque no hay claridad sobre cuántos Castros están mandando en Cuba, además de que la recuperación del marco institucional y meritocrático del sistema cubano, descuidado desde los 80, es perceptible entre quienes siguen las noticias de la isla-, en buena parte de la oposición y el exilio cubanos se da por descontado que el régimen es dinástico. Dado que el poder ya pasó de las manos de un hermano a otro, ese exilio y esa oposición piensan que la nueva sucesión, en los dos próximos años, favorecerá a otro Castro. Tal definición del régimen podría estar confundiendo lo patrimonial con lo dinástico: una cosa es que haya familiares de Raúl Castro en posiciones importantes del régimen y otra que exista un esquema de sucesión hereditaria en las leyes e instituciones o en las reglas no escritas del comunismo cubano.
Me pregunto cómo se acomodaría el discurso anticastrista tradicional del exilio y la oposición a un proyecto sucesorio no dinástico, que favorezca a otros líderes del gobierno actual, en febrero de 2018. Un acomodo posible sería decir que esos eventuales gobernantes serán "títeres" de los Castro, mientras estos vivan. ¿Y cuándo mueran? ¿Seguirán la oposición y el exilio pensando el comunismo cubano como un castrismo dinástico? Puede ser. Siempre que haya un Castro en algún rincón de la clase política cubana, habrá pretexto para articular el argumento dinástico. Hay algo siciliano en esa manera de pensar y vivir el conflicto cubano, que tiene que ver con un duelo que no desfallece ante cualquier argumentación racional o académica.  

15 comentarios:

  1. Rafa
    El problema del análisis sobre la forma que adoptará el régimen post 2018 -que remite, inexorablemente, a las redes de actores que hoy lo van mutando y gestionando su cambio interno- es la ausencia de datos. Algo típico de regímenes cerrados, que genera especulación. Dicho esto, me parece que el caso cubano mutará a "algo" intermedio entre el personalismo/familismo de "los Castro" -pues estilos de mando, necesidad de protección y desconfianza en los subordinados no desaparecen en una década- y un entramado militar-gerencial-burocrático (en ese orden). Algo, por cierto, más parecido en estilo a la Rusia de Breznev que a la China actual, donde la rutinización y organización del mando así como la división de roles corresponden a una burocracia civil y un partido sólidos y con tradiciones milenarias. Los problemas de falta, impreparación y envejecimiento de cuadros en la dirigencia cubana son notorios, al igual que el desgaste del PCC como mecanismo de reclutamiento/promoción/gestión políticos. De modo que, para concluir -y siempre con la reserva de las sorpresas conspirativas, biológicas o de otro tipo- el modelo cubano (post)raulista será una modalidad de régimen híbrido, entre el postotalitarismo y, si Dios y Engels quieren, el autoritarismo electoral.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querido amigo

      Seguro que esta muy bien desde lo lejos clásico de todas personas que hoy nos dejan solos en una batalla de perfeccionamiento de nuestro socialismo o nuestro proyecto.

      Recuerdo cuando me pediste encarecidamente que no te dejara en Revolución Húngara de 1919, Escuela Formadora de Maestros Emergentes a donde te había enviado para que prepararas desde tu sólidos cocimientos a los maestros que se formaban allí. Conocimientos expuestos en aquel programa donde reinaste, encuentro con Clío.

      Hay amigo a cuantas alumnos inspiraste a la búsqueda de conocimientos y ahora los opacas con tales planteamientos.

      Pero bueno como no pudiste resistir los mosquitos de Melena debía haber imaginado que no podías combatir desde dentro los problemas que hoy tenemos que para nada son los que planteas. Hay otros peores.

      Te deseo suerte y la permanente invitación a tu regreso para que sientas los nuevos aires de las aulas universitarias cubanas en las cuales me desempeño y promuevo debates racionales para continuar con este proceso complejo pero digno.

      Tengo que desempolvar un poco los recuerdos buenos que tengo de ti para no irme con el sabor de tus descriptivas palabras las cuales respeto pero no comparto.

      Eliminar
  2. Tienes razón. La argumentación racional o académica toca aquí un límite. Y sería bueno entonces pensar por qué sin ser dinastía o dictadura se asume el poder en Cuba como dinastía o dictadura
    Gerardo Verdecia

    ResponderEliminar
  3. Rafa, cada día tus análisis sobre la problemática cubana se parecen más a los "Tome Nota" del ilustre Armando Pérez Roura. Con un barniz de ilustración, claro.

    ResponderEliminar
  4. Buena pregunta, Gerardo. Apunto algunas posibles respuestas, entre muchas otras, que tienen que ver con algo que apuntaba más arriba Chaguaceda: pereza intelectual, facilismo mediático, dependencia del cliché, falta de análisis serios sobre las instituciones, las leyes y las élites del poder en Cuba, comprensión de la política como vendetta, persistencia de una fantasía de derrocamiento del régimen o de un colapso del sistema tras la muerte de los Castro...

    ResponderEliminar
  5. Al parecer, donde termina la descripción del sistema y sus transformaciones, queda la sensación de que da igual cuál haya sido la tecnología del poder utilizada en cada momento, siempre la finalidad ha sido la misma: mantener y expandir ese poder sin importar cómo. Si fue posible hacerlo inicialmente a través de una revolución o mediante un régimen comunista después; o si es necesario ahora recurriendo a prácticas dictatoriales o autoritarias, la realidad es que los resultados y efectos han sido los mismos: una misma familia está detrás de todo ese repertorio de técnicas del poder y continúa buscando sostenerlo y transferirlo de manera cuasi norcoreana o siciliana, como mejor puedan.
    [Acabo de leer tu respuesta Rafa y estoy de acuerdo con lo que dices. Yo me pregunto si esa manera de controlar el poder no habrá inducido la percepción que hoy predomina en general]
    Gracias por tu atención

    ResponderEliminar
  6. Hola, Gerardo, esa puede ser una manera de pensar el asunto. Yo insisto, sin embargo, en que las diferencias entre los conceptos para comprender el pasado o el presente son importantes, porque la historia no se puede reducir al desenlace o el saldo de los conflictos o los regímenes, de acuerdo con la opinión de cada quien. Comprender con objetividad un régimen a través de sus instituciones, sus leyes, sus prácticas o sus actores no sólo es un recurso académico: también es político. No es lo mismo oponerse o criticar un régimen totalitario comunista que una dictadura autoritaria personal o dinástica. Creo que la oposición y el exilio se confunden en su definición del régimen y también en algunas vías de resistencia que han elegido.

    ResponderEliminar
  7. Rafa, y apartandonos un poco de lo dinástico o no; por que a la castrista se le llama "dictadura" mientras a la batistiana y a la machadista se les llama "tiranía" ? Hay, academicamente hablando, algún elemento en común entre las figuras de Fidel Castro y Cincinnatus?

    ResponderEliminar
  8. Como sostengo en un post de hace días, "¿Dictadura y tiranía?", y que puedes ver en el listado de posts de noviembre, definir a las dictaduras de Machado y Batista como "tiranías" es otro error. Menciono ahí la teoría de Leo Strauss, pero esa distinción se remonta Jenofonte y a los antiguos, especialmente a los historiadores, que fueron más claros en el tema que los filósofos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu aclaración y mis disculpas por no haber revisado tus posts recientes antes de preguntar. Desafortunadamente, no siempre entro a tu sitio con la frecuencia que desearía. Saludos.

      Eliminar
  9. Evidentemente quienes emplean su tiempo en semejante tema, además de estar en la orilla más trastornada de una ideología, tiene sus problemas resueltos. Vivo en Cuba desde hace más de 50 años y jamás alguien desde ·afuera· ha intentado discutir el precio que hemos pagado (tan alto) por nuestra soberanía frebte al acoso estadounidense. Ni Leo Strauss , ni Pachequito Pérez tienen la más remota idea. A mi esto me huele a conversación de media clase burguesa en los jardines del Hotel Nacional. La dinastía que pretende volver es la de Rafael Rojas. Y que ni lo sueñe!

    ResponderEliminar
  10. Mentira, eso de la dictadura de los castros ya lo decian en los anos 60 por favor!

    ResponderEliminar
  11. Si en algo se distingue Rafael Rojas es como embelequero profesional. El embeleque es su fuerte y de eso ha vivido hasta ahora.

    ResponderEliminar
  12. No debería contestarle pero lo haré: Deduzco que habla usted desde la orilla de otra ideología trastornada y que no tiene sus problemas resueltos. Cómo vive en Cuba conoce el alto precio de la soberanía pero desconoce que la URSS pagó o compró esa soberanía y hoy Venezuela la apuntala todavía. Ojalá que la mitad de la clase burguesa tuviera conversaciones como la que critica usted y que estas conversaciones tuvieran lugar libremente en diferentes espacios públicos o privados del país. Finalmente es preferible una dinastía de Rafael Rojas que una de la familia Castro

    ResponderEliminar