Libros del crepúsculo

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martes, 18 de julio de 2017

Del marxismo al reformismo: ideólogos contra economistas



No conozco a un buen economista, formado en Cuba entre los años 60 y 90, que hoy no sea reformista. Todos, de mayor o menor cercanía con el gobierno y el partido -José Luis Rodríguez y Osvaldo Martínez, Omar Everleny y Juan Triana, Pedro Monreal y Julio Carranza, Mauricio de Miranda y Pavel Vidal...- han defendido en los últimos años las reformas económicas en curso y la mayoría de ellos ha demandado mayor velocidad y profundidad a las mismas. Todos, en resumidas cuentas, son partidarios de la incorporación de elementos del mercado en la economía planificada y de la dilatación del sector no estatal.
En el último año, en un deja vu que a algunos remitirá a 1996, cuando el cierre del CEA, a otros a 1986, cuando la defenestración de Humberto Pérez, presidente de la Junta Central de Planificación, y el inicio de la llamada Rectificación de errores y tendencias negativas, y a otros más, a 1971, cuando se clausuró la revista Pensamiento Crítico, la arremetida retórica contra la apertura al mercado y contra el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, ha vuelto a evidenciar una pugna histórica y, por lo visto, irreductible dentro de las élites cubanas.
Algo que confirma esta enésima ofensiva oficial contra la heterodoxia, en Cuba, es que mientras más seriamente marxista es el pensamiento del intelectual, mayores posibilidades tiene de transitar hacia el reformismo. Hubo siempre un reformismo latente en economistas del periodo soviético en Cuba, como Carlos Rafael Rodríguez, y ese talante lo heredaron sus continuadores en el aparato técnico de administración del Estado, como Humberto Pérez. Con motivo de la cruzada contra el centrismo, en los últimos meses, éste último ha tenido dos intervenciones que habrá que archivar.
Una de ellas fue su participación en el lanzamiento de un número de la revista Temas, dedicado a la reconfiguración del sector público en Cuba -sugiriendo desde el título una distinción entre sector público y sector estatal, que ya es, de por sí, un indicio de cambio a nivel discursivo-, y la otra, un post suyo que colgó Silvio Rodríguez en su blog Segunda Cita. La reaparición de Humberto Pérez en la esfera pública cubana, con un posicionamiento de respaldo a la profundización de las reformas en Cuba, es otra confirmación de que es más fácil el diálogo entre marxistas y liberales que entre nacionalistas y demócratas. Sobre todo, si esos nacionalistas son marxistas-leninistas ortodoxos que, luego del colapso de la Unión Soviética, transfirieron el objeto de su fe, dejando los dogmas intactos.

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