Libros del crepúsculo

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sábado, 10 de octubre de 2009

Polémicas de los 60

En los últimos años ha cobrado interés el estudio sobre las polémicas intelectuales de los años 60 en Cuba. Varios estudiosos, dentro y fuera de la isla, están encontrando en aquel decenio los últimos indicios de un campo intelectual ideológicamente plural, como el que había caracterizado a la experiencia cubana desde el siglo XIX. Una de las guerras culturales más intensas de aquella década fue la sostenida entre Ediciones El Puente, proyecto editorial impulsado por el poeta José Mario entre 1961 y 1965, y la primera redacción de El Caimán Barbudo, encabezada por el narrador y filósofo Jesús Díaz. El surgimiento de esta publicación, en 1966, como suplemento del periódico Juventud Rebelde, órgano de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), se produjo en medio de una despiadada represión contra los escritores de El Puente, muchos de los cuales eran homosexuales, negros y mujeres.

Una historiadora de la Universidad de Sao Paulo, Sílvia Cezar Miskulin, acaba de publicar el mejor estudio que se ha hecho, hasta ahora, sobre aquella polémica: Os intelecuais cubanos e a política cultural de la Revolución (Sao Paulo, Alameda Casa Editorial, 2009). Miskulin reconstruye el valioso proyecto editorial de El Puente, que en cuatro años logró publicar cerca de cuarenta títulos, algunos, como De la espera y el silencio (1961) del propio Mario, Algo en la nada (1961) de Gerardo Fulleda León, Silencio (1962) de Ana Justina Cabrera, Las fábulas (1962) de Ana María Simo, El orden presentido (1962) de Manuel Granados, Santa Camila de la Habana Vieja (1963) de José R. Brene, Teatro (1963) de Nicolás Dorr, Tiempos del sol (1963) de Belkis Cuza Malé, Amor, ciudad atribuida (1964) de Nancy Morejón o Isla de güijes (1964) de Miguel Barnet, de referencia obligada para el estudio de la literatura cubana más joven de aquella época.

Miskulin retrata la agresividad con que El Caimán Barbudo reaccionó contra aquel proyecto editorial relativamente autónomo. En su polémica con Ana María Simo, Jesús Díaz caracterizó a El Puente como un “fenómeno erróneo política y estéticamente” y cuestionó la moralidad “disoluta” de sus autores, término que fue leído como declaración sexista, homófoba, elitista e, incluso, racista. La persecución y estigmatización de los escritores de El Puente, emprendida por el Estado cubano, tuvo a su favor el indudable talento y el apasionado vanguardismo de jóvenes escritores, estudiados por Miskulin, como el propio Díaz, Luis Rogelio Nogueras, Guillermo Rodríguez Rivera, Orlando Alomá, Eduardo Heras León, Raúl Rivero o Víctor Casaus.
El estudio de Miskulin no es maniqueo ni ignora que hubo víctimas del Estado cubano en ambos grupos generacionales. Pero al enmarcarse, un tanto rígidamente, entre 1961 y 1975, quedan desdibujadas las divergentes evoluciones políticas de muchos de aquellos intelectuales a partir de los años 80 y 90. Este valioso libro nos persuade de que las guerras de la memoria, que vive la cultura cubana actual, no pueden librarse por medio de la mutilación de biografías, pero, tampoco, de una interesada o involuntaria negación del carácter cambiante y, por momentos, paradójico de las posiciones políticas de los escritores, aún bajo un régimen no democrático.

5 comentarios:

  1. Rafael, Hoy en el blog de Angel Santiesteban, descubrí tu blog. Toda la mañana leyendo, tengo ya los ojos cansados. Pero es una maravilla, me encanto lo que escribes. Regresare.
    Gracias.

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  2. Hola Rafael. He dado con tu blog gracias al profesor Carlos Pabón, de San Juan, Puerto Rico, quien publica a su vez el blog Los Archivos del Mandril. Del tiro estoy enlanzando Libros del Crepúsuculo con mi blog Quantum de la Cuneta. Mucho para leer y reflexionar. Mucho para ofrecer a quienes pasan revista de la sección de Barra Abierta del Quantum. Muchas gracias por cumplir la promesa de mi amigo Carlos Pabón: un exclente blog que debe ser visitado.

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  3. Creo que como herenciade aquellos años, las esferas públicas artísticas, desde el hip hop contestatario hasta los foros de pensamiento y la ensayística no despolitizada tratan de dar testimonio e influir en un campo radicado entre la cultura política y las políticas culturales. Eliminar la asimetría sociedad-estado y la monopolización de lo público por este último es clave para expandir un impacto cívico cada vez más urgente.

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  4. ¡¡Enhorabuena por el merecido Premio!

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